Con una duración de 74 minutos, el documental ha recibido importantes reconocimientos

KARLA GÓMEZ NOTICIAS

La película documental Licham (Morí), ópera prima de la cineasta tsotsil Ana Ts’uyeb, continúa su recorrido por diversos espacios culturales y salas de exhibición en 20 ciudades de la República Mexicana. Recientemente fue presentada en Casa Conejo Café Cultural, donde el público tuvo la oportunidad de acercarse a una obra profundamente íntima y poética que retrata la vida de mujeres tsotsiles desde una mirada sensible y digna.

Con una duración de 74 minutos, el documental ha recibido importantes reconocimientos internacionales, entre ellos el Premio Ojo a Mejor Largometraje Documental Mexicano en el Festival Internacional de Cine de Morelia 2024 y el Premio Grand Prix Rigoberta Menchú en el Festival de Montreal, Canadá 2025. La obra se centra en las historias de Margarita, Juana y Faustina, tres mujeres tsotsiles que comparten experiencias marcadas por la pérdida, el trabajo cotidiano y la resistencia frente a las estructuras patriarcales.

Rodeadas por el paisaje de las montañas, los cafetales y los sembradíos de maíz, las protagonistas construyen una narrativa donde la fortaleza y la dignidad ocupan el centro de la pantalla. Lejos de presentar una visión victimista, la directora muestra a mujeres que sostienen su vida y su comunidad mediante el trabajo de sus manos, entre canastas, machetes y telares, mientras enfrentan el dolor y la soledad sin renunciar a su capacidad de decisión.

Uno de los elementos más destacados de Licham es el manejo del silencio. Ana Ts’uyeb permite que la cámara contemple los espacios y los tiempos de la vida cotidiana: el sonido de la lluvia sobre la tierra, la leña ardiendo, la oscuridad de los caminos y el peso emocional del duelo. Estos silencios no representan ausencia, sino una forma de memoria y reflexión que invita al espectador a habitar la experiencia de las protagonistas desde la contemplación y la empatía.

La película también puede entenderse como una mirada al pasado desde el presente, donde la directora reconoce las limitaciones y sueños truncados que enfrentaron muchas mujeres indígenas, incluida su propia madre. Sin embargo, en el acto mismo de dirigir y narrar esta historia, Ana Ts’uyeb materializa nuevas posibilidades para las generaciones futuras.

El cierre del documental resume con gran fuerza simbólica el sentido de la obra: la cineasta aparece ayudando a su madre a cargar plátanos mientras ella le abre paso en el camino. La escena sugiere que las madres abren brecha para que las hijas puedan caminar con mayores libertades, convirtiendo el cine en un espacio de memoria, resistencia y esperanza.

FOTO: KARLA GÓMEZ

PIE DE FOTO: La película también puede entenderse como una mirada al pasado desde el presente.