Jhonatan González NOTICIAS

Cobijados apenas por una galera de metal, entre el calor, la incertidumbre y gastos que van de los 300 hasta los 3 mil pesos diarios, decenas de familias permanecen a las afueras del Hospital “Dr. Gilberto Gómez Maza”, en espera de información sobre sus seres queridos internados.
La angustia y la desesperación marcan la rutina de quienes, día y noche, improvisan estancias en sillas o pequeñas camas rentadas, mientras aguardan reportes médicos que, en muchos casos, tardan horas en llegar.
“Es desesperante, preocupante, porque hasta uno se enferma de saber que el paciente está grave”, relata una mujer originaria de Malpaso, quien desde hace casi dos semanas permanece en el lugar mientras su esposo, Miguel Ángel Hernández Toledo, lucha por su vida tras un presunto accidente.
Según cuenta, los médicos le han dado un panorama incierto. “Dicen que tiene un 20 o 30 por ciento de probabilidad de salvarse. Está intubado, no reacciona. Es el más grave del área”, explica.
Durante este tiempo, la familia ha tenido que adaptarse a una dinámica de entradas breves al hospital y largas horas de espera afuera. “Entro a ver información y mi hija se queda aquí. Me dejan pasar tres o cuatro horas y luego salgo. Así nos la llevamos”, dice.
El gasto también representa una carga importante. Entre renta de sillas, alimentos, baños y traslados, asegura que han llegado a desembolsar hasta 3 mil pesos diarios. “Aquí la silla cuesta 25 pesos, la camita por noche también se paga, y hay que comer, bañarse, todo suma”, agrega.
A pesar de las dificultades, reconoce que la atención médica ha sido adecuada. “Lo están atendiendo bien, le ponen medicamentos, los doctores hacen su trabajo”, afirma, mientras confía en que su esposo mejore. “Lo único que nos queda es pedirle a Dios”.
Una situación similar vive Rubén Martínez Espinosa, originario de Chahuites, Oaxaca, quien lleva nueve días afuera del hospital acompañando a su hijo, internado por apendicitis.
Aunque su caso ha evolucionado favorablemente, describe el proceso como una experiencia marcada por la incertidumbre. “Aquí se sufre calor, hambre, angustia. No sabes cuánto tiempo vas a esperar para que te digan cómo está tu familiar”, señala.
Explica que los gastos diarios, aunque más bajos, también representan un reto. “Lo más básico son como 300 pesos diarios: comida, renta de bancas, baño, copias, lo que se va necesitando”, detalla. A esto se suman gastos en medicamentos y estudios, que en su caso han alcanzado los mil 500 pesos.
Las áreas de espera, señala, operan mediante el pago de espacios para descansar. “Las sillas cuestan 35 pesos y las de pareja hasta 70 u 80 pesos por día. Y así van pasando los días”, comenta.
Ambos coinciden en que el apoyo de familiares, amigos e incluso personas solidarias ha sido clave para sobrellevar la situación, ya sea con alimentos, dinero o artículos básicos.
Mientras tanto, bajo la sombra de láminas metálicas, decenas de familias continúan resistiendo el calor, el cansancio y la incertidumbre, aferradas a la esperanza de recibir noticias alentadoras sobre la salud de sus seres queridos.
PIE DE FOTO:
Bajo una galera y entre gastos diarios, familias esperan noticias de pacientes en el Gómez Maza.
FOTO: Jhonatan González
