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Con más de 360 mil visitantes desde su inauguración, el pasado 25 de marzo, Aztlán, túnel del tiempo llega a sus últimos días de exhibición en el Museo del Palacio de Bellas Artes, donde ofrece una aproximación a la diversidad de expresiones, historias y experiencias que conforman el arte chicano.
La muestra, organizada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), reúne más de 70 obras de 33 artistas y colectivos, principalmente radicados en Los Ángeles. Se trata de la primera revisión amplia del arte chicano presentada en este recinto, a través de distintas generaciones y lenguajes que exploran temas como migración, memoria, territorio, identidad, resistencia y los vínculos culturales entre México y Estados Unidos.
“Los más de 360 mil visitantes que han recorrido Aztlán, túnel del tiempo dan cuenta del interés del público por conocer el arte y las historias de las comunidades chicanas”, señaló la secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza, quien invitó a aprovechar los últimos días de la exposición para acercarse a este conjunto de obras que permite reflexionar sobre la identidad, la memoria y la pertenencia más allá de las fronteras.
Curada por Rubén Ortiz-Torres, Jesse Lerner y Joshua Sánchez, con la asesoría de Rita González, la exposición se articula en cuatro núcleos: East Side Stories, Varrio, Desmuralismos y Transtemporalidades. Lowriding con los dioses. En conjunto, estos apartados recorren diferentes momentos y prácticas que han contribuido a la construcción de las narrativas del arte y la cultura chicanos.
El proyecto expositivo se extendió también hacia los públicos mediante un programa de actividades que atendió a 5 mil 239 personas. Talleres, conversatorios, un club de lectura y la presentación del catálogo permitieron profundizar en los contenidos de la muestra y propiciar espacios de diálogo alrededor de sus principales temas.
Entre las actividades destacó el taller de mural impartido por 3B Collective, en el que los participantes exploraron composición, escala, color y elaboración de plantillas a partir de El Más Allá, obra creada especialmente para la exposición. El Club de Lectura, por su parte, dedicó cuatro sesiones a revisar el desarrollo del arte chicano desde sus orígenes hasta la actualidad.
Las conversaciones reunieron a artistas y especialistas para abordar cuestiones relacionadas con identidad, memoria, territorio y comunidad. También destacó el Encuentro Internacional de Arte Chicano, realizado entre finales de julio y principios de agosto, con la participación de artistas, investigadores, curadores, cineastas y agentes culturales de México y Estados Unidos.
A estas actividades se sumaron una rodada de bicicletas lowrider, una exhibición de automóviles de esta expresión cultural y la participación de Jarocholos, así como un ciclo de cine chicano presentado en colaboración con la Cineteca Nacional, integrado por 30 obras provenientes de 28 archivos, instituciones y cineastas.
En sus últimos días, Aztlán, túnel del tiempo mantiene abierta una ventana hacia las múltiples formas en que las comunidades chicanas han construido y representado sus propias historias. Desde las artes visuales hasta el cine, la música y las expresiones urbanas, la exposición plantea un recorrido por memorias y territorios compartidos, y por las distintas maneras de pensar la identidad y la pertenencia entre México y Estados Unidos.
FOTO: CORTESÍA
PIE DE FOTO: En sus últimos días, Aztlán, túnel del tiempo mantiene abierta una ventana hacia las múltiples formas en que las comunidades chicanas.
