KARLA GÓMEZ NOTICIAS

Las tardes pueden adoptar múltiples matices: soleadas, lluviosas, grisáceas o encendidas en tonos rojizos. Sin embargo, hay una en particular que parece tener identidad propia, una luz que no sólo ilumina, sino que también cuenta historias. Esa luz lleva por nombre Gohé. No es únicamente la fusión de dos apellidos, sino la construcción de una presencia escénica que ha crecido con el tiempo, acompañando la vida de Saúl, un actor cuya trayectoria se entrelaza con el teatro de manera profunda y constante.

Entrar a su espacio es como atravesar el umbral de una escena íntima. Los personajes que ha interpretado parecen habitar todavía en las paredes, en los silencios y en la forma en que se sienta, como si cada gesto fuera parte de una representación continua. La tarde avanza, pero esa luz Gohé permanece, envolviendo cada palabra con una suavidad casi imperceptible.

Su camino en el teatro no fue inmediato, sino que llegó a través de llamados sucesivos, como dicta la tradición escénica. El primero ocurrió en el año 2000, cuando, siendo estudiante de Administración, tuvo contacto con talleres artísticos que ampliaron su forma de entender el mundo. El segundo llegó en 2004, al integrarse a un taller formal de teatro. El tercero, decisivo, sucedió en 2008 con la creación de un foro independiente que se convertiría en su hogar artístico: un espacio donde no sólo se hace teatro, sino donde también se construyen vínculos humanos.

Para Saúl, el teatro no es únicamente un acto de representación, sino una disciplina rigurosa. La memoria se convierte en herramienta esencial: no basta con recordar palabras, sino también los tiempos, las pausas, la intención exacta de cada línea. En su visión, el proceso escénico tiene un valor mayor que el resultado final. Cada elemento —el texto, el cuerpo, la voz, la música, la escenografía— forma parte de un engranaje que sólo cobra sentido cuando se construye colectivamente.

El teatro, dice, es también una forma de decir lo que muchas veces no encuentra lugar en la vida cotidiana. Es un espacio donde se pueden abordar temas sociales, políticos y humanos desde una voz compartida. Sobre el escenario, el actor se convierte en portavoz de aquello que permanece en silencio.

Habitar el teatro es, para él, una decisión consciente. No espera reconocimiento externo ni validación constante; lo asume como refugio, como disciplina y como forma de vida. Lejos de romantizarlo como una simple pasión, lo define como un compromiso que exige entrega, constancia y honestidad. El teatro, en sus palabras, es celoso: demanda tiempo, esfuerzo y resultados, como cualquier relación significativa.

En su reflexión personal, reconoce que todos actuamos en la vida cotidiana. Cada rol —maestro, amigo, individuo— implica una forma distinta de ser. Esta multiplicidad lo lleva a asumirse como alguien que porta diversas máscaras, en una búsqueda constante por entender quién es realmente.

A lo largo de casi dos décadas, ha dado vida a múltiples personajes y ha participado en diversas obras que han marcado su formación. Sin embargo, más allá del número, lo que resalta es su deseo de permanecer en el escenario, de seguir aprendiendo y transformándose con cada experiencia.

La tarde cae lentamente. El espacio se llena de calma, de plantas que respiran al ritmo del viento y de una presencia que parece estar siempre en escena. Saúl sonríe con la certeza de quien ha encontrado su lugar. El teatro, como esa luz Gohé que lo envuelve, no sólo lo acompaña: lo ha moldeado, lo ha sostenido y le ha permitido vivir muchas vidas dentro de una sola.

FOTO: KARLA GÓMEZ

PIE DE FOTO: En su reflexión personal, reconoce que todos actuamos en la vida cotidiana.