Karla Gómez NOTICIAS

Pedro Linares López (1906–1992), nacido el 29 de junio en el barrio de La Merced Balbuena, Ciudad de México, es uno de los grandes referentes del arte popular mexicano. Aprendió desde niño el oficio de la cartonería de la mano de su padre, elaborando figuras tradicionales como calaveras, Judas y piñatas. Sin embargo, fue una visión febril a los once años la que transformó su vida y el arte popular mexicano para siempre.

En 1917, una grave enfermedad lo llevó a un estado de delirio, durante el cual soñó con criaturas fantásticas que gritaban la palabra “alebrije”. Aquel sueño lo persiguió por años, hasta que en 1930 decidió darle forma a lo que había visto, utilizando papel y engrudo, materiales tradicionales de la cartonería. Así nació el primer alebrije, no como objeto de venta, sino como una forma de exorcizar aquella experiencia onírica.

Gracias a su talento y constancia, Linares transformó los alebrijes en emblemas del arte popular mexicano. En los años cuarenta, su obra llamó la atención de Diego Rivera, quien se convirtió en su gran promotor y le encargó piezas para varios espacios emblemáticos. Desde entonces, su nombre quedó ligado a la historia del arte en México.

Hoy, su legado sigue vivo. Más del 80 por ciento de sus descendientes directos se dedican a la cartonería, como Gerardo Linares Gómez, su bisnieto, quien combina respeto por la tradición con una mirada innovadora. “Hay que innovar sin distorsionar el arte”, afirma, resaltando el equilibrio entre el origen y la evolución.

En honor al 119 aniversario de su natalicio, el Museo Nacional de Culturas Populares (MNCP) organizó un homenaje que incluyó charlas, talleres y una exposición de su obra. David Linares, nieto del maestro, impartió el taller de cartonería junto con otros miembros de la familia, destacando la importancia de mantener viva la tradición con el mismo cuidado y corazón que Pedro Linares imprimía en cada pieza.

El MNCP, que resguarda una de las colecciones más importantes de cartonería Linares, se convirtió en el escenario ideal para este homenaje. Su directora, Jessica Morales Vega, subrayó el valor de esta expresión artística como símbolo nacional e internacional. Desde su origen en un sueño hasta su consagración mundial, los alebrijes de Pedro Linares son prueba viva de que la imaginación, cuando se mezcla con arte y herencia, trasciende generaciones.

Foto: Karla Gómez

Pie de foto: En 1917, una grave enfermedad lo llevó a un estado de delirio, durante el cual soñó con criaturas fantásticas que gritaban la palabra “alebrije”.