Naná Wárhi Agostu, “Nuestra Señora de Agosto”, en purépecha, es un eslabón en la cadena de eventos religiosos

Isabel Nigenda Noticias

Foto: Cortesía. Pie de foto: Fiesta de la Asunción de María, en Charapan.

Cinco series fotográficas sobre la veneración a la Virgen de la Asunción en San Antonio Charapan, Michoacán, componen la exposición Naná Wárhi Agostu. Una fiesta femenina, montada en el Museo Nacional de Antropología (MNA), la cual narra en imágenes desde la víspera de esta celebración hasta su culmen, cada 15 de agosto, cuando arriba a la casa de una nueva mayordomía, así lo da a conocer la Secretaría de Cultura.
La muestra, organizada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), se compone de 40 imágenes en blanco y negro, autoría de los antropólogos de la institución, Catalina Rodríguez Lazcano y Carlos García Mora, quienes, en 2019, en la antesala de la contingencia sanitaria por la COVID-19, acudieron a registrar la fiesta más significativa de este pueblo de la sierra purépecha, después de la dedicada a su santo patrono.
Naná Wárhi Agostu, “Nuestra Señora de Agosto”, en purépecha, es un eslabón en la cadena de eventos religiosos que ahí tienen lugar a lo largo del año, los cuales están vinculados con el ciclo agrícola, como señaló el subdirector de Etnografía del MNA, Arturo Gómez Martínez, en la inauguración de esta muestra en la planta alta del museo.
“La fiesta de la Asunción de María, en Charapan, sirve para agradecer las primeras cosechas, la recolección de los jilotes, las mazorcas tiernas; es ahí donde vemos el sincretismo entre el catolicismo, fruto de la evangelización de este pueblo desde el siglo XVI, y elementos de la antigua cosmovisión mesoamericana.
“El diario de campo no es la única herramienta del antropólogo, la cámara le permite captar aspectos significativos de un evento particular, cuyas imágenes, vistas con detenimiento, le revelan elementos que le pasaron inadvertidos. Esa información le ayudará a describir a profundidad lo que piensan y hacen los pueblos, a través de su vida ceremonial”, expresó.
Catalina Rodríguez Lazcano y Carlos García Mora detallaron que las series fotográficas y textos dan sentido a Naná Wárhi Agostu, al describir una fiesta que es resultado de 250 años de vida comunitaria, religiosidad y tradición.
Un documento antiguo llamado Pindequario, transcrito por Francisco Fernández Rincón, en 1806, registra que, dos veces al año, los miembros de una cofradía mariana y las autoridades del Hospital de los Naturales se aprestaban a venerar a las vírgenes de la Asunción y la Concepción de María.
Como entonces, hoy los “cargueros” o encargados de la fiesta se preparan con al menos un año de antelación, ante las innumerables las tareas por cumplir. Todo ocurre gracias a las “ayudanzas”, es decir, a la colaboración de parientes, padrinos, ahijados, amigos, vecinos y quienes quieran contribuir a la veneración.
No obstante, en la muestra, Catalina Rodríguez y Carlos García buscan reivindicar el papel protagónico de las mujeres, ya que “a diferencia de la fiesta patronal, en la que los moros ofrecen su danza a san Antonio, y en las fiestas de Navidad, en las cuales los viejos bailan a los Niños Dios, el día de la Asunción, las niñas y las jóvenes ofrendan a la Virgen”, señalaron.
Es entonces cuando ellas participan de las danzas de wanánchiicha (guananchas), wárchiicha (güares) y túnicas, cuya intervención da colorido y significado a la fiesta, las procesiones y preparativos, donde madres, tías, hermanas, abuelas y madrinas contribuyen en la elaboración sus atuendos.
“Es innegable que esta es una fiesta de mujeres, donde todas se esfuerzan por estar a la altura de la encomienda recibida y de las expectativas que los mayordomos y el pueblo depositan en ellas”, concluyeron la también curadora de las colecciones Puréecherio del MNA y el experto de la Dirección de Etnohistoria.