Feligreses celebran al santo, de la orden de predicadores dominicos

KARLA GÓMEZ NOTICIAS

Todo alrededor es sol, sudor y viento seco. La música de tambor y carrizo acompaña como una extensa sombra a creyentes y danzantes desde el Templo de Santo Domingo hasta la Ermita de San Vicente Ferrer, ubicado a espaldas del río.

Feligreses celebran al santo, de la orden de predicadores dominicos, algunos se persignan. A un costado, una mujer en su silla de ruedas besa la imagen religiosa, sonríe. Y, otros, desde sus balcones avientan paliacates cuando ven a decenas de personas acompañar el traslado del santo.

El cuete abre el cielo y el sonido delata la devoción y el sincretismo religioso de Chiapa de Corzo, Chiapas. En la Danza del Caballito de Petate, considerada por los tradicionalistas como una danza colonial, se refleja la batalla de los españoles con los chiapanecas, ya que son lazados con lazos de ixtle.

En ella participa un grupo de niños que representa a los indios chiapanecas: visten ropa de manta, huaraches y penachos con pluma. Mientras que los españoles, interpretados por un grupo de jóvenes, cargan un caballo elaborado de petate y usan máscara de Parachico, casco de aluminio, machetes y botas.

Son cuadras trazadas de fe, de flores de temporadas, de una fiesta que reúne a los pobladores, “es su tradición, la cultura viva del pueblo”. La danza continúa en el atrio de la Ermita, alrededor de ellos la gente mira con asombro cómo la luz de la tarde cae sobre la danza y dibuja su historia.

FOTO: KARLA GÓMEZ

PIE DE FOTO: Son cuadras trazadas de fe, de flores de temporadas, de una fiesta que reúne a los pobladores.