En colaboración con Flor Hidalgo, su esposa, realizan este oficio

KARLA GÓMEZ NOTICIAS

«Todo trabajo requiere el 50 por ciento de anticipo», dice con letras de colores un espejo colgado en una de las paredes de la casa del escultor. Con esta frase escrita por Jacob Gordillo, también pintor y tallador, predispone a la clientela.

En colaboración con Flor Hidalgo, su esposa, realizan este oficio: pintan, restauran y fabrican piezas místicas, artísticas y objetos. A unos metros del Parque del Barrio del Niño de Atocha, ubicado en Tuxtla Gutiérrez, ambos han hecho de su casa, el espacio idóneo para construir y salvar objetos valiosos que han pasado de generación en generación entre familiares.

Desde afuera, les llega la música que producen las cuerdas de las guitarras de mariachis y tríos; sonidos que se pierden con el ruido del televisor prendido, con la plática constante que ambos realizan, mientras el transcurrir de las horas se ven reflejadas en cada producto finalizado.

A Jacob le agrada la pintura, así como crear animales y figuras místicas de madera. A Flor le gusta tomar un pincel delgado y delinear las circunferencias de la pieza. Él practicó boxeo en su juventud, ella procura a los gatitos. El nació en Comitán de Domínguez; ella en Tuxtla Gutiérrez.

Alto, delgado, de piel blanca y con los cabellos sueltos, recrea algunos movimientos que aprendió practicando boxeo. La luz del foco de su casa recrea un ambiente casi fílmico.

Los recuerdos van creciendo, los renombra, aparecen… Se inició en ese deporte con el peso wélter. En el Deportivo Roma, participaba en pelas con diferentes tipos de golpes: rectos, curvos, ascendente vertical… La adrenalina se apoderaba de su cuerpo, la frecuencia cardiaca aumentaba…

El ruido de los carros rompe con la narración. El sol ya no es visible.

El juego de luces de la naturaleza trae a su yo del pasado, a ese niño de seis años que llegó a esta ciudad capital y ha demostrado el talento que heredó de su papá, quien cursó en la Academia de Arte en Guatemala.

Posteriormente, Jacob viajó a Guanajuato, en donde estudió pintura con un maestro de quien aprendió y desarrollo la técnica. Cuenta que este oficio le genera ingresos, pero también lo realiza con vocación, con alegría. Son sus manos las iniciadoras de la creación, la que se acompañan de su esposa y de sus gatos.

En la casa taller la noche se asoma por la rendija de la puerta, y los ojos de Flor y Jacob se van cerrando, alejándose de la gama de los colores, de las piezas… listos para soñar.

FOTO: DANIEL CORTÁZAR

PIE DE FOTO: En la casa taller la noche se asoma por la rendija de la puerta, y los ojos de Flor y Jacob se van cerrando, alejándose de la gama de los colores, de las piezas… listos para soñar.