Luis Vallejo NOTICIAS

En calles y colonias de Tuxtla Gutiérrez, el sonido del esmeril todavía anuncia la presencia de un oficio tradicional que, con el paso del tiempo, enfrenta el riesgo de desaparecer. Se trata del trabajo de los afiladores de cuchillos, una labor artesanal que durante décadas ha sido parte de la vida cotidiana, pero que hoy se ve amenazada por la modernidad, la falta de herramientas y los cambios en los hábitos de consumo.
José Adalberto Gómez Santiago, afilador con más de diez años de experiencia, contó que aprendió el oficio gracias a su familia, principalmente de su padre, tíos y otros trabajadores que le enseñaron las técnicas para lograr un buen filo en distintas herramientas.
“Lo aprendí por medio de mis familiares, de mis tíos y de mi papá. Ellos fueron los que me enseñaron a trabajar y a sacar bien el filo de los cuchillos y de otras herramientas”, explicó.
Aunque todavía es posible encontrar a estos trabajadores recorriendo colonias, el número ha disminuido con el paso de los años. Según Gómez Santiago, actualmente en la capital chiapaneca trabajan alrededor de 100 a 120 afiladores, muchos de ellos provenientes de familias que han transmitido el oficio de generación en generación.
A diferencia de otros trabajos, los afiladores no tienen zonas exclusivas para laborar, por lo que cada uno puede recorrer diferentes colonias y fraccionamientos en busca de clientes.
“Cada quien trabaja por su cuenta. Podemos ir a cualquier colonia o fraccionamiento, no hay rivalidad entre compañeros ni alguien que diga que no se puede trabajar en cierto lugar”, comentó.
El servicio de afilado tiene un costo aproximado de $50 pesos por cuchillo, aunque el precio puede variar dependiendo del tamaño o del tipo de herramienta. Además de cuchillos, los afiladores también trabajan con tijeras, machetes, asadones, coas, aspas de licuadoras, extractores de jugo, cinceles y alicates, entre otros objetos metálicos que requieren recuperar su filo.
La herramienta principal de trabajo también forma parte de la tradición del oficio. En muchos casos se trata de aparatos fabricados por herreros de manera artesanal. En el caso de José, su esmeril es una herencia de su padre, quien se lo regaló para que continuara con la actividad.
“Este aparato se manda a hacer con un herrero. El que yo tengo me lo regaló mi papá, es una herencia que me dejó para poder trabajar”, dijo.
Sin embargo, este oficio enfrenta diversos retos; uno de ellos es la disminución de clientes, ya que muchas personas prefieren comprar limas o piedras para afilar en casa, o incluso reemplazar los cuchillos cuando pierden filo.
También influye la percepción de inseguridad, pues algunos vecinos desconfían al ver a personas ofreciendo servicios en las calles.
“A veces la gente piensa que uno va a ver qué tienen en su casa o que los puede asaltar, pero nosotros salimos a trabajar honradamente para llevar el sustento a nuestras familias”, señaló.
A esto se suman las duras condiciones del trabajo, ya que los afiladores pasan gran parte del día caminando bajo el sol o la lluvia, recorriendo colonias desde temprano por la mañana hasta la tarde.
Gómez Santiago también es padre de dos hijos, y aunque le gustaría transmitirles el oficio, reconoce que prefiere que tengan la oportunidad de estudiar y buscar otras alternativas laborales.
“Es un trabajo muy pesado porque todo el día estamos en la calle. Si ellos pueden estudiar y seguir adelante, es mejor”, comentó.
Pese a las dificultades, el afilador hizo un llamado a la ciudadanía para que continúe apoyando este oficio tradicional, el cual considera una actividad digna y honrada.
“Queremos que la gente nos siga apoyando para que no se pierda esta tradición. Nosotros salimos a trabajar honestamente y este es el sustento de muchas familias”, expresó.
Finalmente, recordó que afilar un cuchillo puede ser una alternativa más económica y sustentable que comprar uno nuevo constantemente, además de contribuir a mantener vivo un oficio que forma parte de la cultura laboral de las calles mexicanas.
Foto: Luis Vallejo
Pie: José hizo un llamado a la ciudadanía para que continúe apoyando este oficio tradicional, el cual considera una actividad digna y honrada.
