Decidieron hace 22 años cambiar la historia y contribuir a reducir las muertes maternas en la región mediante la partería tradicional
Jhonatan González NOTICIAS

En medio del machismo y la carencia de servicios de salud en comunidades apartadas, siete mujeres tzotziles del municipio de Chalchihuitán, decidieron hace 22 años cambiar la historia y contribuir a reducir las muertes maternas en la región mediante la partería tradicional.
Organizadas, conformaron la Casa de la Mujer Indígena, un espacio que desde 2003 brinda atención gratuita a mujeres embarazadas provenientes de más de 50 comunidades de tres municipios, en una de las zonas con mayor marginación y altos índices de mortalidad materna en el estado.
Marcela Hernández, coordinadora del proyecto, explicó que el servicio que ofrecen es completamente solidario y sin costo fijo.
“Nosotras no cobramos, no tenemos ni un precio ni un costo, atendemos de todo corazón. A veces nos apoyan con maíz, frijol, tortillas o incluso con 200 o 300 pesos, pero es voluntario”, señaló.
Aunque inicialmente fueron 15 mujeres quienes impulsaron la iniciativa, actualmente el grupo está integrado por Petrona, Albertina, Marcela, Cecilia, Estela, Norma y Soledad, quienes continúan con la labor pese a los riesgos que han enfrentado.
El trabajo de las parteras no ha estado exento de violencia. Petrona Díaz recordó un episodio en el que un hombre armado atacó el lugar.
“Hace años vino un señor con pistola y baleó la casa. Era el esposo de una compañera que se enojó porque ella hacía guardias y dejaba su casa. La mujer se escondió y el hombre gritaba”, relató.
A pesar de estos hechos, las mujeres continúan con su labor, organizadas en distintas funciones para eficientar el servicio: cuatro realizan guardias semanales en la casa, dos se encargan de tareas administrativas y una más imparte pláticas en escuelas sobre derechos de las mujeres, salud sexual y prevención de matrimonios infantiles.
Cecilia García, consejera del proyecto, advirtió sobre prácticas que aún persisten en comunidades.
“Hay padres que obligan a casarse a las niñas cuando están estudiando, desde los 10 o 12 años. A veces se enojan cuando hablamos de esto, pero les decimos que es por el bien de sus hijos”, explicó.
Pese a su impacto en la salud comunitaria, la Casa de la Mujer Indígena no cuenta con financiamiento gubernamental ni de organizaciones civiles. Aun así, las integrantes buscan capacitarse constantemente para mejorar la atención que brindan.
Actualmente enfrentan carencias materiales, por lo que hacen un llamado a la ciudadanía para recibir apoyo.
“Cuando empezamos había camas y estufas, pero ahora ya no tenemos. Si alguien nos apoya con ropa de bebé, colchones o lo que sea útil, se lo vamos a agradecer, porque a veces llegan pacientes y no tenemos nada”, expresó Petrona Díaz.
A más de dos décadas de su creación, estas mujeres tzotziles mantienen viva una red de atención comunitaria que, además de preservar la partería tradicional, se ha convertido en un pilar para la salud materna en una de las regiones más vulnerables de Chiapas.
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Decidieron hace 22 años cambiar la historia y contribuir a reducir las muertes maternas en la región mediante la partería tradicional.
FOTO: Jhonatan González
