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Con un ambiente íntimo y silencioso, la Sala Xavier Villaurrutia del Centro Cultural del Bosque abrió sus puertas a Yo Marcos, unipersonal protagonizado por Alberto Juárez que propone una reflexión profunda sobre la identidad, la fe y los relatos que han moldeado la historia cultural de México. Desde su inicio, la puesta en escena se distingue por una estética mínima pero significativa: un tapete al centro, una veladora encendida, la figura de Tonantzin y una cortina de hilos que separa el espacio escénico de una pantalla donde se proyectan imágenes del culto guadalupano. Estos elementos construyen una atmósfera de recogimiento que envuelve al espectador en un relato íntimo y evocador.

La obra parte de un recuerdo personal del protagonista: su primera visita a la Basílica de Guadalupe durante la infancia, acompañado por su madre y su abuela. Aquella experiencia, marcada por el reconocimiento en la imagen de una figura materna con rasgos similares a los de su propia familia, se convierte en el detonante de una búsqueda artística y personal. A partir de ahí, la narrativa se expande hacia la figura de Marcos Cipac, pintor indígena náhuatl del siglo XVI, a quien se le atribuye la creación de la imagen de la Virgen de Guadalupe. Este personaje histórico abre la puerta a una reflexión sobre el mestizaje cultural y la convergencia de tradiciones indígenas y europeas tras la conquista.

A lo largo del montaje, Juárez entrelaza relato autobiográfico, investigación histórica y recursos audiovisuales para construir una experiencia escénica que transita entre la memoria y la reinterpretación. El resultado es un discurso accesible pero profundamente significativo, capaz de generar empatía incluso entre quienes no se identifican con la devoción religiosa. La obra destaca por su capacidad de acercar al espectador a un tema complejo desde una perspectiva humana y emocional.

El público ha reaccionado con interés ante la propuesta. Algunos asistentes han subrayado la claridad y belleza del montaje, mientras que otros han destacado el valor de descubrir aspectos históricos poco difundidos, como la existencia de Cipac. Estas reacciones evidencian la capacidad de la obra para dialogar con distintas sensibilidades y niveles de conocimiento.

Al finalizar la función, Alberto Juárez compartió el significado personal de la pieza, recordando cómo la figura guadalupana representó para él una forma temprana de identificación. Asimismo, el equipo creativo —encabezado por el director Omar Flores Sarabia y el dramaturgo Adriano Madriles— fue reconocido por dar forma a un proyecto que apuesta por la introspección y el cuestionamiento.

Yo Marcos se presenta como un espejo que invita a reconsiderar los mitos fundacionales y las narrativas que siguen definiendo la identidad mexicana. A través de una combinación de historia, memoria y ficción, la obra plantea preguntas vigentes sobre quiénes somos y cómo nos contamos como sociedad. Su temporada en el Centro Cultural del Bosque se extenderá hasta el 10 de mayo de 2026, antes de iniciar una gira internacional, llevando consigo una propuesta escénica que trasciende lo religioso para situarse en el terreno de lo profundamente humano.

FOTO: CORTESÍA

PIE DE FOTO: Su temporada en el Centro Cultural del Bosque se extenderá hasta el 10 de mayo de 2026.