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En las páginas más memorables de la denominada época de oro del futbol tuxtleco, florecieron instituciones que se arraigaron profundamente en el corazón de la fanaticada local. Equipos con una identidad inquebrantable, forjados en el seno de los barrios o mediante la unión de amistades entrañables que compartían una devoción absoluta por el balompié amateur, dieron vida a una narrativa deportiva sin precedentes. Dentro de este selecto grupo, sobresale el Club Santa Fe, una escuadra que vio la luz un 22 de marzo de 1964 en Tuxtla Gutiérrez y que, desde sus primeras patadas, se consolidó como un sinodal de alta peligrosidad para cualquier adversario que osara enfrentarlo.

Aquel equipo indomable protagonizó batallas épicas en las décadas de los sesenta y setenta, teniendo como escenario principal el otrora mítico campo del ICACH. En ese rectángulo de tierra y gloria, el Santa Fe escribió capítulos imborrables junto a otros representativos históricos como el Municipal, San Roque, Datsun, Guadalupano, Santa Cruz, Colón y el ICACH Diurna, por mencionar solo algunos nombres que componen el rompecabezas de la nostalgia futbolística en la capital chiapaneca. Con el paso del tiempo, el club extendió su legado hacia otros recintos, incluyendo los primeros años de lo que hoy se conoce como el estadio Flor del Sospó, manteniendo siempre su esencia competitiva.

Bajo la premisa de que recordar es volver a habitar los momentos de júbilo, un nutrido grupo de exjugadores y amigos de diversas generaciones de la familia santafesina se dio cita recientemente para estrechar lazos y compartir anécdotas acumuladas a lo largo de las temporadas. El Café Aroma Espresso fungió como el punto de encuentro donde la nostalgia se hizo presente para celebrar el sexagésimo segundo aniversario de la fundación del equipo. Durante la convivencia, los asistentes evocaron con orgullo los colores que defendieron en el campo, rememorando los orígenes de una institución que nació por la visión de Alfonso Sarmiento, apodado el caballo, Jacinto Maza, conocido como masola, y Carlos Coutiño, a quien llamaban el hígado.

La génesis del nombre de esta escuadra posee un matiz cinematográfico y de admiración internacional, pues sus fundadores se inspiraron en la película denominada la Saeta Rubia, cinta que retrataba la trayectoria del legendario astro del Real Madrid, Alfredo Di Stéfano. Fue ese ímpetu por emular la grandeza del futbol internacional lo que motivó la creación del Santa Fe en tierras chiapanecas. Como acto cumbre de la reunión, el grupo de veteranos realizó la entrega de un merecido reconocimiento a Jaime González, el loco, distinguiéndolo como uno de los pilares y futbolistas fundadores que cimentaron las bases de este equipo que sigue vivo en la memoria colectiva del deporte tuxtleco.

PIE DE FOTO: Amigos del Santa Fe entregaron un reconocimiento a Jaime González como uno de los jugadores fundadores del legendario club.

FOTO: CORTESÍA