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La salida y retorno de la Colección Gelman Santander ha generado un debate relevante sobre la circulación internacional del patrimonio artístico mexicano y los límites legales que regulan su exhibición fuera del país. Este acervo, considerado uno de los más importantes del arte moderno en México, reúne obras de figuras emblemáticas como Frida Kahlo, Diego Rivera y Rufino Tamayo, cuyos trabajos forman parte esencial de la identidad cultural nacional.

De acuerdo con la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, las piezas actualmente exhibidas en el Museo de Arte Moderno permanecerán abiertas al público hasta el 15 de julio, con el objetivo de integrarse a la oferta cultural durante el Mundial de Futbol. Posteriormente, la colección continuará su itinerancia internacional, con destino al Faro Santander en España. No obstante, la funcionaria enfatizó que, conforme a la legislación vigente, las obras deberán regresar a México en 2028, ya que la Ley de Aduanas establece que toda exportación temporal de bienes culturales debe renovarse cada dos años.

La Colección Gelman tiene su origen en 1943, cuando el coleccionista Jacques Gelman encargó a Diego Rivera el retrato de su esposa Natasha, dando inicio a un acervo que con el tiempo alcanzaría reconocimiento internacional. Desde 2010, esta colección ha salido del país en más de 30 ocasiones, lo que demuestra que su itinerancia no es un hecho aislado, sino parte de una dinámica habitual en el ámbito del arte global.

Sin embargo, la polémica reciente surge a partir de un convenio firmado entre los propietarios de la colección, la Fundación Banco Santander y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), el cual contempla la exhibición de las obras en el extranjero hasta 2030, con posibilidad de ampliación. Ante esto, especialistas como Carlos Lara G. señalan que, al tratarse de una colección privada, los dueños tienen derecho a solicitar prórrogas, siempre que cumplan con los requisitos legales establecidos.

En este contexto, resulta fundamental subrayar que las obras no pueden ser exportadas de manera definitiva, ya que están protegidas por normas que garantizan su conservación y su eventual retorno al país. No obstante, su permanencia continua en México dependería de una eventual adquisición por parte del Estado, escenario que actualmente se considera poco viable debido a los altos costos.

FOTO: CORTESÍA

PIE DE FOTO: Las obras no pueden ser exportadas de manera definitiva, ya que están protegidas por normas que garantizan su conservación.