Su historia combina talento, pasión y un halo romántico
KARLA GÓMEZ NOTICIAS

La Secretaría de Cultura recuerda a Manuel Acuña, poeta saltillense cuya vida breve y trágica, junto con su obra profundamente emocional, lo han convertido en una figura legendaria dentro de la literatura nacional. Su historia combina talento, pasión y un halo romántico que aún cautiva a lectores y estudiosos del siglo XIX.
Acuña llegó a la Ciudad de México con escasos recursos para estudiar Medicina, pero su inclinación por la escritura lo llevó a integrarse a los círculos intelectuales más importantes de su tiempo. Fue líder de una generación de jóvenes poetas que aspiraban a construir una identidad literaria propia, alejada de los modelos europeos, en un momento en que México buscaba consolidar una idea de nación tras décadas de conflictos internos y guerras extranjeras.
Su figura ha sido envuelta en el mito romántico, potenciado por su muerte prematura a los 24 años, atribuida comúnmente a un desengaño amoroso con Rosario de la Peña, musa de varios escritores de la época. A ella dedicó el célebre Nocturno a Rosario, poema que consolidó su lugar en el imaginario romántico mexicano.
Acuña también mantuvo una relación cercana con la escritora Laura Méndez, a quien dedicó el poema A Laura, reflejo de su visión avanzada sobre el papel de la mujer en la literatura. De esta relación nació un hijo que falleció pocas semanas después de nacer, un hecho silenciado por las estrictas normas morales de la época.
En el Ex Convento de San Jerónimo, que años atrás había sido hogar de Sor Juana Inés de la Cruz, Acuña y sus contemporáneos —como Agustín Cuenca, Juan de Dios Peza y Ricardo Ramírez— fundaron el grupo literario Nezahualcóyotl, con la intención de discutir y redefinir el rumbo de la literatura mexicana. Su meta era romper con las formas tradicionales y proponer una literatura moderna, nacionalista y comprometida con la realidad social.
La poesía de Acuña trasciende el amor idealizado. Poemas como Ante un cadáver abordan de manera directa cuestiones filosóficas y existenciales, desafiando la moral de su tiempo. Otras composiciones, como Lágrimas, dedicadas a su padre, revelan su dimensión más íntima y vulnerable, mostrando un romanticismo que también incluye dolor, ternura y compasión.
Acuña pertenece a la tradición de poetas capaces de conmover desde la esencia. La crítica señala que su poesía “se desliza por la boca, el corazón, la razón y nos acaricia”, manteniendo una fuerza emocional que sigue dialogando con nuevas generaciones, consolidando su legado como uno de los referentes más importantes del romanticismo mexicano.
Foto: CORTESÍA
Pie de foto: La crítica señala que su poesía “se desliza por la boca, el corazón, la razón y nos acaricia”.
