En Chiapas, diez zonas arqueológicas abiertas al público operan con federal, del cual dependen la contratación de custodios

Ana Liz Leyte NOTICIAS

El hecho violento registrado el 20 de abril de 2026 en la zona arqueológica de Teotihuacán, que dejó personas fallecidas y heridas, colocó nuevamente la atención sobre las condiciones de seguridad en estos espacios abiertos al público en el país.

En Chiapas, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) mantiene bajo resguardo diez zonas arqueológicas, entre ellas Palenque, Toniná, Yaxchilán y Bonampak, donde las labores de conservación y vigilancia se sostienen con recursos federales destinados a personal, mantenimiento y operación.

En ese sentido, el cuidado de estos espacios implica acciones permanentes tanto en la conservación de estructuras como en la vigilancia, debido a que son sitios abiertos, con flujo constante de visitantes y sin barreras físicas que limiten completamente el acceso o tránsito dentro de las zonas.

Adriana María Parra Peña, especialista en Restauración de Bienes Muebles, expuso que el patrimonio tangible concentra elementos clave de la historia y cultura, al resguardar la memoria material de los pueblos, su identidad y los procesos que han marcado su desarrollo a lo largo del tiempo, además de ser una fuente directa para la educación y la investigación.

“Vamos a partir de que los monumentos y los objetos y todas estas cosas materiales hacen parte del patrimonio tangible. Este tipo de patrimonio representa o cristaliza o materializa la memoria histórica de los de los pueblos, la identidad cultural y también tienen otras aportaciones para la educación y la investigación”.

Asimismo, señaló que estos espacios también cumplen una función en la promoción cultural y turística del país, al posicionarse como referentes históricos y estéticos que proyectan la identidad nacional, además de incentivar el interés de visitantes y fortalecer el valor cultural de cada región.

“Además, también es importante como para la promoción de los lugares para el turismo cultural, además de que promovemos los valores estéticos de estos objetos y de estos patrimonios, pues también el valor histórico que tienen y al frente al mundo es una parte de nuestra identidad como nación”.

Por otra parte, explicó que las zonas arqueológicas presentan mayores retos que los espacios cerrados, debido a su extensión, su exposición a factores ambientales y la dificultad para controlar el acceso de manera total, lo que exige vigilancia constante y estrategias específicas de protección.

“En el caso de las zonas arqueológicas tenemos un problema adicional o una situación adicional, a cuando tenemos un patrimonio conservado en un museo, en el museo podemos tener el control de la entrada y salida de las personas y aún así hay incidentes en los museos de incidentes, vandalismo, de robo, etcétera; más aún en las zonas arqueológicas que son de gran extensión y requieren de un cuidado especial, además por estar al aire libre”.

En este contexto, añadió que la falta de control en el acceso incrementa los riesgos tanto para el patrimonio como para los visitantes, al no existir mecanismos estrictos para supervisar el ingreso de personas ni los objetos que portan.

De igual forma, indicó que estos bienes contienen información relevante para la investigación científica, particularmente en disciplinas como la arqueología, donde cada objeto o estructura aporta datos para la reconstrucción del pasado, por lo que su deterioro o pérdida implica la desaparición definitiva de información.

“Se alojan o se albergan datos, información en estos objetos que es parte de las investigaciones, por ejemplo, de la arqueología, y si no las cuidamos, pues van a desaparecer para siempre este tipo de informaciones”.

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En Chiapas, diez zonas arqueológicas abiertas al público operan con federal, del cual dependen la contratación de custodios.

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