El respaldo de Israel ha reavivado el debate global sobre su estatus
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Somalilandia se localiza al este del continente africano, a orillas del Golfo de Adén. En el mapa mundial aparece sobre el territorio de Somalia y al este de Etiopía, con una extensión aproximada de 137 mil 600 kilómetros cuadrados. Aunque desde hace más de tres décadas se considera un Estado independiente, su estatus sigue siendo motivo de debate en la comunidad internacional.
El pasado viernes 26 de diciembre de 2025, Israel, a través de su primer ministro Benjamin Netanyahu, reconoció oficialmente a Somalilandia como un Estado soberano. La decisión provocó una inmediata reacción internacional y fue duramente criticada por los gobiernos de Egipto, Somalia, Yibuti, Sudáfrica y Turquía, que rechazaron el reconocimiento al considerar que se vulnera la integridad territorial somalí. Para estos países, Somalilandia continúa siendo parte de Somalia, miembro reconocido de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
En contraste, el presidente de Somalilandia, Abdirahman Mohamed Abdullahi, calificó el anuncio israelí como un “momento histórico”, al considerarlo un paso significativo en la larga búsqueda de legitimidad internacional de su país. Desde su perspectiva, este reconocimiento representa el inicio de una mayor visibilidad diplomática y una oportunidad para consolidar su autonomía política.
De acuerdo con información difundida por la agencia AFP, Estados Unidos defendió ante la ONU el derecho de Israel a reconocer a Somalilandia, comparando este acto con el reconocimiento del Estado palestino por parte de varios países. Sin embargo, dicha analogía fue rechazada por el embajador de Eslovenia, Samuel Žbogar, quien señaló que Palestina es un territorio ocupado ilegalmente, mientras que Somalilandia forma parte de Somalia, un Estado soberano reconocido por la ONU, por lo que su reconocimiento implicaría una violación al orden internacional.
El origen de Somalilandia se remonta a 1991, cuando se separó de la República Democrática de Somalia tras la caída del régimen militar de Mohamed Siad Barre. Este hecho ocurrió luego de que el Movimiento Nacional Somalí (SNM) derrotara al gobierno central, dando paso a un proceso de ruptura definitiva con el sur del país. Históricamente, el territorio estuvo dividido entre Somalia Británica y Somalia Italiana; esta última obtuvo su independencia en 1960 y fue reconocida por 35 países.
Según el ensayo Somalilandia: Un balance a 20 años de su independencia, de Mariana Elizabeth Banús, del Centro Argentino de Estudios Internacionales (CAEI), el ascenso de Siad Barre al poder mediante un golpe de Estado profundizó las tensiones internas. Tras su caída, la región norte decidió no reintegrarse al Estado somalí y proclamó su independencia, una decisión que se ha mantenido firme desde entonces.
A lo largo de más de 30 años, Somalilandia ha logrado construir estructuras propias de un Estado. Cuenta con una moneda nacional, una capital establecida en Hargeisa, una bandera, así como una población estimada de tres millones y medio de habitantes. Su sistema político se basa en una democracia con una asamblea legislativa bicameral, un gabinete nombrado por el presidente y avalado por el Congreso, además de un sistema judicial independiente. Su Constitución fue aprobada mediante referéndum en 2001.
El país ha celebrado elecciones presidenciales en 2003 y 2006, consideradas pacíficas y competitivas, en las que resultaron electos Dahir Riyale Kahin y Ahmed Mohamed Silanyo. Entre los principales partidos políticos destacan el Partido de los Pueblos Unidos Democráticos (UDUB), el Partido para la Paz, la Unidad y el Desarrollo (KULMIYE) y el Partido de la Justicia y Bienestar (UCID).
A pesar de su estabilidad interna, Somalilandia continúa enfrentando el desafío del reconocimiento internacional. El respaldo de Israel ha reavivado el debate global sobre su estatus, dejando en claro que su futuro político seguirá siendo un tema clave en la geopolítica del Cuerno de África.
FOTO: CORTESÍA
PIE DE FOTO: A pesar de su estabilidad interna, Somalilandia continúa enfrentando el desafío del reconocimiento internacional.
