Javier Solórzano Zinser La Razón de México

El PRIAN poco o nada tiene que ver con el tema de la reforma electoral. Que la Presidenta se refiera a ellos parece ser más un distractor para quitarle los reflectores a quienes todo indica no van a apoyar la reforma, el PT y el Verde.
Lo más delicado ante las muchas reformas a las que no se les ha quitado ni una coma es que el Congreso se convirtió en un espacio del oficialismo, y los principales problemas que surgen son entre ellos, la oposición pareciera por momentos que ni existe.
El PRIAN, juntos y separados, sigue en un largo letargo que no les ha permitido sacudirse el ya largo tsunami de dos sexenios. Apostar por el desgaste de Morena y que esto sea una especie de trampolín para reubicarse, es un muy grave error de cálculo.
No hay indicios de que en el corto plazo esto pudiera pasar, a pesar de que cada vez van surgiendo más y más contradicciones de la mano de hechos de corrupción ante los cuales, de plano, hacen como si no existieran, en muy pocos casos aparecen acuses de recibo.
Colocar como ejemplo el caso del presidente municipal de Tequila, no sirve mucho que digamos, porque el personaje era impresentable. Fue el partido oficial el que lo colocó como su candidato, ya no había además manera de aguantarlo más tiempo en el cargo.
En Morena les preocupa más cómo entenderse y ponerse de acuerdo entre ellos en medio de sus dificultades, que lo que hace la oposición. El PRI se hace cada vez más chico y menos representativo como organización partidista. Por más que por momentos Morena se parezca al PRI, no es el PRI.
En el PAN quisieron reinventarse, pero siguen bajo el marasmo de un ir y venir de militantes. De no ser por la fuerza de algunos gobernadores, Querétaro, Guanajuato, y en alguna medida Chihuahua, el partido deambula en medio de gritos y sombrerazos en el Congreso.
La Presidenta no sólo controla la narrativa, sino que además ha venido señalando cada vez más a quienes no están de acuerdo con los proyectos oficiales. A cada crítica que surge al Gobierno o a las obras emblemáticas del pasado sexenio, inmediatamente señala y ataja, a pesar de las muchas evidencias que en este sentido han venido apareciendo, particularmente en el sobreprecio de las obras.
Lo grave de lo que está pasando es que no hay voces de peso frente a los proyectos de Gobierno para obligar el debate. El caso de la reforma electoral es el más significativo. El Gobierno asegura que hubo un gran debate nacional, lo cual es parcialmente cierto. No se escucharon todas las voces. Las participaciones podían tener una duración máxima de cinco minutos. No hay indicios de que fueron tomados en cuenta quienes tienen un pensamiento diferente.
En buena medida, estamos bajo estos escenarios, porque la sociedad mexicana se hartó del PRI y del PAN, Morena, sin ser tan diferente, se apoderó del escenario en que estamos y en el que vamos en camino para que dure un largo periodo de tiempo.
Al hartazgo ante el PRI y el PAN no se le ha pasado la página. Quizá el blanquiazul pueda recuperar distritos y ser contendiente en elecciones para gobernador. Como fuere, les echarán a andar la maquinaria del dinero y Morena mantendrá más menos lo que tiene.
La diferencia de opiniones en el oficialismo parte de elementos que pasan por no perder la representatividad, y por no querer dejar el pastel. No se aprecian diferencias sobre la democracia mexicana, las elecciones y su organización y la búsqueda de caminos que vayan más allá del presagio de que estemos en rumbo de acabar bajo el régimen de partido único.
No tienen enfrente a nadie que los obligue, no le demos vueltas la bronca es entre ellos.
RESQUICIOS
Donald Trump hizo otro movimiento para cambiar la geopolítica del mundo. El ataque que su país, junto con Israel, está llevando a cabo contra Irán va a ser más complicado de lo que hoy se ve, y además va a afectar al mundo árabe, no hay en la zona quien no se vea directamente involucrado.
