Raúl Eduardo Bonifaz COLABORACIÓN

El inicio de 2026 ha puesto la atención de los mexicanos y de sus instituciones en muchos puntos geográficos y en varios temas que corresponden. Los acontecimientos que cubren el escenario mundial de hoy así lo demandan, lejos y cerca de nuestro país. Tal es el caso de las tensiones en Europa y Rusia, en donde parece haber renacido el espíritu de Pedro el Grande y en nuestro subcontinente de América del Norte, en donde también hay una reencarnación: la de Teddy Roosevelt con sus afamados marines y rangers.
Lo de Venezuela -el evento que ocupa la atención mundial- es un tema que requiere un seguimiento en las próximas semanas. Por ahora, solamente podemos observar en el escenario una combinación inquietante de alta tecnología, con acciones de soldados estadounidenses que hacen pensar en Doom Slayer y en traiciones que son un verdadero enredo moral, porque se trata de eventos traicioneros entre criminales. Traiciones entre materia para la horca. Dejemos ese tema pendiente.
Lo que no podemos dejar a un lado es el asunto del T-MEC. Sobre todo, ahora que estamos en el año de las negociaciones para darle continuidad, reformarlo o ponerle fin. Por eso mismo, debemos mantener vivo el tema, mantener la preocupación, en una coyuntura que requiere valor, serenidad, energía digna y conocimiento de la realidad. Las negociaciones en torno al T-MEC convocan a un consenso claro entre los mexicanos y un comportamiento transparente por parte de nuestros negociadores. Nada de puntos oscuros ni mucho menos de cuentas alegres.
El acuerdo comercial vigente hoy tiene como antecedentes el TLCAN (Tratado de Libre Comercio con América del Norte) y comenzó a operar desde el año 1994. Sus resultados, en un recuento final, han sido favorables para nuestro país, porque ha permitido, para citar un hecho relacionado, la multiplicación por 7 de las exportaciones mexicanas en 30 años, cuando una buena proporción de los países del mundo -se habla de un 21 por ciento- ha perdido energías en ese renglón.
La economía mexicana dejó de ser de signos cerrados para estar en una competencia activa y productiva. Permitió la llegada de empresas foráneas, externas respecto a América del Norte, que buscan aprovechar el mercado que ha tenido ampliaciones permanentes. De manera visible, la producción de excedentes comerciales alcanzó una alta competitividad en ese tiempo.
La economía mexicana, en las líneas de importación y exportación, se relaciona en un 60 por ciento con el área de América del Norte. Tenemos acceso a un mercado de 482 millones de personas de manera directa y estamos en un proceso para tener la oportunidad de llegar a mil millones de clientes potenciales en otras regiones del mundo. Canadá y Estados Unidos tienen en México aproximadamente el 60 por ciento de las inversiones foráneas directas distribuidas en el territorio mexicano.
La terminación del T-MEC implicaría una afectación negativa a las fuentes que generan en el país el 61 por ciento del Producto Interno Bruto mexicano. Los convenios bilaterales, propuestos ya por Donal Trump, serían un mal menor, pero no mucho menor. Por eso mismo, es necesario involucrar a los mexicanos, sobre todo a los sectores estratégicos, en un ejercicio de unidad en torno a las instituciones nacionales. Es tiempo de la unidad, incluso fortalecida con la crítica de buena fe y comprometida con la nación. El tema debe volver al terreno de las prioridades. XTwitter: @Bonifaz49
