NEIN GÓMEZ NOTICIAS

Con una mezcla de técnica depurada, disciplina inquebrantable y una sensibilidad a flor de piel, la joven Caridad del Carmen Ramos García se ha consolidado como la nueva gran promesa del judo, no solo en Chiapas, sino en todo México. La atleta originaria del municipio de Tonalá cerró el año 2025 escribiendo su nombre con letras doradas en los registros internacionales, luego de colgarse la medalla de oro en los Juegos Panamericanos Sub-15 celebrados en Lima, Perú. Por si fuera poco, sus vitrinas ya ostentan el prestigioso título de bicampeona en las Olimpiadas Nacionales.

Bajo la atenta tutela del profesor Osmani López Samada, la talentosa artemarcialista ha forjado un camino de éxitos que no es producto de la casualidad. Consciente del sacrificio que exige el alto rendimiento sobre el tatami, la judoca encara este 2026 con una agenda repleta de desafíos de talla internacional. El itinerario arrancará con las justas estatales, seguidas de los duros filtros clasificatorios que otorgan los boletos para el certamen nacional y el próximo Campeonato Panamericano, cuya sede aún se disputa entre Panamá y, nuevamente, la capital peruana. El clímax de su temporada está proyectado para el mes de agosto con los nacionales y, de manera muy especial, con la mira puesta en el Campeonato Mundial de la especialidad que albergará Ecuador.

LOS ORÍGENES DE UNA MONARCA

El romance de Caridad con el dojo es relativamente reciente, pero sumamente intenso. Su incursión en este demandante deporte de contacto comenzó hace apenas cinco años, en noviembre de 2020. La chispa se encendió cuando su actual entrenador realizó una exhibición en su escuela primaria. Fascinada por las proyecciones y los derribes, no dudó en pedirle a su padre que le permitiera explorar la disciplina. Ese primer acercamiento, respaldado incondicionalmente por su familia, fue la semilla que hoy rinde frutos y llena de orgullo a sus seres queridos, quienes son testigos de primera mano de las extenuantes jornadas que la han llevado a la cima.

Para mantenerse en la élite, la atleta chiapaneca se somete a un régimen de preparación exhaustivo. Sus tardes están dedicadas por completo al perfeccionamiento físico y táctico; de lunes a viernes, invierte cuatro horas diarias —desde las 16:00 hasta las 20:00 horas— combinando la práctica específica del judo con exigentes rutinas de levantamiento de pesas y acondicionamiento cardiovascular. Esta dedicación total es impulsada por su fascinación por la naturaleza del combate, donde la adrenalina llega al tope al saber que un duelo entero puede definirse en una fracción de segundo mediante un solo movimiento preciso y fulminante.

LÁGRIMAS Y RESILIENCIA EN EL ÁREA DE COMBATE

Más allá de la fiereza y concentración que exige el judo, hay un rasgo peculiar que distingue a Ramos García en cada presentación: su profunda conexión emocional. La tonalteca confiesa que los nervios y la ansiedad son compañeros habituales antes de escuchar el hajime (comenzar), pero es al finalizar cuando sus sentimientos se desbordan. Ya sea por la euforia de la victoria, el trago amargo de una derrota o la culpa al lastimar accidentalmente a una contrincante, las lágrimas siempre se hacen presentes en su rostro. Lejos de verlo como una debilidad, acepta esta sensibilidad como una catarsis natural que alimenta su instinto ganador.

Con la madurez de una veterana atrapada en la juventud de sus 14 años, Caridad del Carmen no olvida sus inicios y envía un mensaje de aliento a las nuevas generaciones que apenas se enfundan en su primer judogi. Su consejo es claro: la frustración inicial y la dureza de las primeras caídas son solo pruebas temporales, pues con constancia y resiliencia, el camino se vuelve mucho más llevadero y las recompensas terminan por llegar.

PIE DE FOTO: La joven atleta de Tonalá no oculta su sensibilidad en cada combate, demostrando que la empatía y la rudeza deportiva pueden ir de la mano hacia la victoria.

FOTO:  NEIN GÓMEZ