En una lucha de apuestas de pronóstico reservado, Capitán Furia recurrió a la astucia y al apoyo de su facción para llevarse el trofeo más valioso de su carrera
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La noche más esperada para los amantes del pancracio local se cumplió con una guerra civil sobre el entarimado. Capitán Furia y El Mexicano, dos veteranos que arrastraban una enemistad de más de doce meses, colisionaron en una lucha de apuestas donde el orgullo nacional y el prestigio personal estaban en juego. La función alcanzó niveles de adrenalina insospechados, transformando el ring en un escenario de sacrificio donde ninguno de los dos gladiadores estaba dispuesto a ceder ni un centímetro de terreno en la búsqueda por salvar su identidad estética.
El ambiente se tornó hostil con la presentación del Gringo Loco, quien fiel a su estilo polémico, entró escoltado por la bandera de las barras y las estrellas mientras desafiaba a los presentes arrojando tortillas, lo que le valió una sonora rechifla. El Mexicano, por su parte, hizo una entrada triunfal con el apoyo total del respetable; no obstante, la desventaja numérica y la malicia del bando rudo se hicieron presentes de inmediato con un ataque a traición que dejó al técnico en malas condiciones desde el inicio del combate.
Furia, líder de la Facción Ultraviolenta, impuso sus reglas al utilizar un arsenal de objetos prohibidos. Lámparas fluorescentes y otros artefactos de cristal fueron estrellados contra El Mexicano, dejándolo bañado en sangre y permitiendo que el capitán se anotara la primera caída tras una serie de castigos de poder. Para el segundo asalto, la reacción del esteta fue fulminante; con el uso de monitores de televisión y un vuelo de alto riesgo entre la segunda y tercera cuerda, logró diezmar al rudo y forzar el tercer y definitivo episodio en medio de un clima de incertidumbre total en el graderío.
La caída final se sumergió en el dramatismo puro. La irrupción de la Facción Ultraviolenta desató una campal alrededor del cuadrilátero, obligando a Príncipe Zoque y Rebelde Boy a intervenir para nivelar las acciones. El momento cumbre ocurrió cuando Vértigo inhabilitó al oficial del ring, El Catrín, arrojándole una sustancia a la cara. En ese instante, una simulación de faul por parte del Gringo Loco distrajo a las autoridades, permitiendo que Capitán Furia ejecutara un amarre de espaldas planas. El conteo de tres fue inevitable, decretando la victoria para el bando de la maldad. Con la frente en alto, El Mexicano aceptó el resultado y fue despojado de su melena por sus propios hijos en un cierre de función cargado de nostalgia y respeto.
PIE DE FOTO: El Mexicano cumplió con su palabra y entregó su cabellera frente a la afición después de una batalla donde el estilo extremo fue el protagonista.
FOTO: CORTESÍA
