La selección musical parte del contexto histórico de la esclavitud, entre los siglos XVI y XIX
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El Coro de Madrigalistas de Bellas Artes, bajo la dirección del maestro invitado Rodrigo Cadet, ofrecerá este fin de semana dos conciertos que celebran y reivindican la herencia africana en la música coral. Titulado Herencia africana en la música coral. Gospel, spirituals, danzas latinoamericanas y más, el programa propone un recorrido sonoro por diversas tradiciones que dan cuenta del profundo impacto de la diáspora africana en la historia musical de América y del mundo.
Organizados por la Coordinación Nacional de Música y Ópera del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), los conciertos se llevarán a cabo el viernes 23 de enero, a las 18 horas, en El Claustro de Sor Juana, y el domingo 25 de enero, a las 12 horas, en el Pabellón del Jardín Escénico, en el Bosque de Chapultepec. Ambas funciones serán de entrada libre, con cupo limitado.
De acuerdo con Rodrigo Cadet, director y curador del programa —afrodescendiente de madre mexicana y padre haitiano—, se trata de una propuesta poco frecuente en los escenarios corales del país, tanto por su diversidad geográfica como por su carga histórica y simbólica. El repertorio traza un arco que va de Estados Unidos a América Latina y Nigeria, revelando cómo la música africana, aun invisibilizada durante siglos, ha permeado de manera decisiva múltiples expresiones musicales.
“Desde el siglo XVI, la música africana ha estado presente allí donde hubo diáspora. Sus ritmos, su concepción comunitaria del canto, la relación orgánica entre cuerpo y sonido y su profunda espiritualidad influyeron en la música sacra colonial, el barroco americano, los spirituals, el blues, el jazz y gran parte de la música popular moderna”, explica Cadet. Más allá de lo formal, subraya, lo africano aportó una forma de resistir, de narrar el dolor y de afirmar la vida a través del canto.
El programa, integrado por obras de autores como Billie Holiday, Sam Cooke y Byron Smith, fue interpretado por primera vez en julio de 2025 en el Palacio de Bellas Artes y regresa ahora para reafirmar su vigencia y potencia expresiva.
La selección musical parte del contexto histórico de la esclavitud, entre los siglos XVI y XIX, cuando millones de personas fueron forzadas a salir de África hacia América. En medio de la opresión, la música y la danza se convirtieron en espacios de identidad, memoria, resistencia y anhelo de libertad. En este sentido, los spirituals —cantos nacidos en los campos de algodón del sur de Estados Unidos— constituyen el núcleo de la primera parte del concierto, junto con el góspel, expresión religiosa de comunidades afroamericanas ya libres, pero aún sometidas a la segregación racial.
La segunda parte del programa muestra cómo la herencia africana dialogó con tradiciones indígenas y europeas en América Latina, dando lugar a expresiones híbridas que florecieron en templos, plazas y salones. Se incluyen “negrillas” de compositores como Juan de Araujo y Juan Gutiérrez de Padilla, piezas del periodo virreinal que incorporaban ritmos y giros asociados a lo africano. También se interpretará Betelehemu, canto de origen yoruba de Nigeria, además de obras de influencia brasileña, mambo cubano y dos composiciones de Rodrigo Cadet: Danzón del querer y Dicha sin fin.
Para Nurani Huet, integrante del Coro de Madrigalistas de Bellas Artes, este repertorio evidencia rasgos fundamentales de la tradición afrodescendiente. “La voz es un instrumento que puede transformarse y, mediante elementos onomatopéyicos, simular la percusión. Además, el carácter coral habla de su origen comunitario: la fuerza está en el colectivo, no en lo individual”, señala.
Rodrigo Cadet destaca que, aunque México ha reconocido constitucionalmente la herencia africana como su “tercera raíz”, su presencia sigue siendo más practicada que nombrada. “Reconocer plenamente este legado implica integrarlo al discurso cultural, a la educación y a la programación artística. No solo celebrarlo, sino asumirlo como parte constitutiva de nuestra identidad”, afirma.
Con Herencia africana en la música coral, el Coro de Madrigalistas de Bellas Artes ofrece una experiencia musical que es, al mismo tiempo, un acto de memoria, reconocimiento y celebración de una tradición viva que sigue resonando en el presente.
FOTO: CORTESÍA
PIE DE FOTO: La segunda parte del programa muestra cómo la herencia africana dialogó con tradiciones indígenas y europeas en América Latina.
