Tema de Charla de Café en Bellas Artes
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El ciclo Charla de Café, organizado por la Coordinación Nacional de Música y Ópera del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), organismo de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, dedicó una de sus sesiones a reconocer a los cantantes que, entre 1860 y 1960, contribuyeron a consolidar la tradición operística en México.
La actividad se llevó a cabo el miércoles por la noche en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes, donde la cantante de ópera Alicia Torres Garza, coordinadora del ciclo, y el investigador Francisco Méndez Padilla ofrecieron la charla titulada Un siglo de voces masculinas mexicanas en la ópera (1860-1960).
Durante el encuentro, ambos especialistas sostuvieron un diálogo acompañado por la proyección de imágenes para realizar un recorrido histórico por algunos de los artistas, compositores y escenarios que han marcado el desarrollo de la ópera en México. “Se dice fácil un siglo de ópera en México, pero esos cien años están llenos de voces, música y recintos que plasmaron una parte importante de la historia operística del país”, expresó Torres Garza, quien debutó en la ópera en 1960.
En su intervención, Méndez Padilla, musicólogo e investigador responsable del subtitulaje de las producciones operísticas en el Palacio de Bellas Artes, explicó que la presencia de la ópera en México tiene antecedentes desde la época virreinal. Recordó que en 1711 el compositor Manuel de Sumaya estrenó la obra La Parténope en el entonces Palacio Virreinal —hoy Palacio Nacional—, considerada la primera ópera presentada en territorio mexicano y, de manera notable, interpretada en español.
Posteriormente, el siglo XIX fue una etapa fundamental para el desarrollo del género. En ese periodo llegaron al país empresarios y artistas europeos que impulsaron el quehacer operístico, como Manuel García y Napoleón Sieni, quienes promovieron el estreno de obras provenientes de Europa en el antiguo Gran Teatro Nacional. En esos escenarios también brillaron figuras internacionales como Henriette Sontag, Enrico Tamberlick y Adelina Patti.
En ese contexto comenzaron a destacar cantantes mexicanos que compartieron protagonismo con intérpretes extranjeros. Entre ellos sobresalieron figuras como Ángela Peralta y compositores como Cenobio Paniagua, Aniceto Ortega y Melesio Morales, quienes sentaron las bases de una tradición operística que continuaría desarrollándose durante el siglo XX.
Torres Garza también recordó el papel de agrupaciones que impulsaron nuevas generaciones de intérpretes, como la compañía fundada por José Pierson, de la cual surgieron artistas como Fanny Anitúa, José Mojica, Juan Arvizu y Alfonso Ortiz Tirado. Posteriormente destacaron intérpretes como Pedro Vargas y Hugo Avendaño, quienes desarrollaron también una importante presencia en la radio.
El investigador explicó que un momento clave para la consolidación de la ópera en México fue la inauguración del Palacio de Bellas Artes en 1934, recinto que se convirtió en sede de importantes instituciones artísticas, entre ellas la Compañía Nacional de Ópera. La primera ópera presentada en este espacio fue Tosca, de Giacomo Puccini, interpretada por la cantante Esperanza González de Manero.
Finalmente, Méndez Padilla destacó que durante las décadas posteriores surgieron nuevas voces que dieron continuidad a la tradición operística nacional, como José Sosa, Julio Julián, Jorge Lagunes, David Portilla, Roberto Bañuelas y Arturo Nieto, quienes mantuvieron viva la actividad de la Ópera de Bellas Artes hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX.
Durante la sesión, los ponentes agradecieron al investigador José Octavio Sosa por la información proporcionada y anunciaron que la próxima Charla de Café estará dedicada a la cantante Fanny Anitúa, programada para el mes de abril.
FOTO: CORTESÍA
PIE DE FOTO: La próxima Charla de Café estará dedicada a la cantante Fanny Anitúa.
