El 8 de enero la memoria no se recuerda: camina
KARLA GÓMEZ NOTICIAS

El pueblo amanece distinto. Hay un rumor que corre antes que la gente y un pulso que se siente en el aire, como si Chiapa de Corzo despertara sabiendo que algo antiguo está por volver a ocurrir. No hay campanas que lo anuncien ni relojes que lo apuren, pero todos lo saben: es 8 de enero. Llega sin retrasos ni adelantos, exacto, inevitable, cargado de sonido, color y memoria. Llega queriendo cubrir su rostro de fiesta, de tradición y de religiosidad.
Cerca de un río que nunca duerme —el Grijalva eterno—, que carga al sol, a la luna y a las estrellas en su corriente profunda, se encuentra la casa de la familia Madrigal, integrantes de la Pandilla de Chuntá Amigos del Jerry. Ahí no sólo se abre una puerta: ahí ingresa un mundo entero. Ingresa la fe que se hereda sin palabras, la devoción que se aprende con el cuerpo, y llegan los portadores de una herencia cultural que recorre las calles del pueblo para hacer visible una leyenda transmitida de generación en generación como un rocío de lluvia.
Mientras se pintan los párpados y el labio, mientras se colocan la blusa tradicional y la falda floreada, más de uno repite la historia que da sentido a la danza: “Los Chuntá somos las sirvientas de María de Angulo, aquella española radicada en Guatemala que llegó a este pueblo en busca de la curación para su hijo y que, como pago por la ayuda recibida, tiempo después envió a sus sirvientas con alimentos, pues el pueblo padecía de una hambruna”.
Los Chuntá caminan como si se adelantaran a los días, como si sostuvieran el tiempo entre los pasos de la danza y el movimiento del chinchín, al compás de la música del tambor y el carrizo. Sus cuerpos narran lo que la historia escribió en silencio. Y entre pasos, risas y sudor, el grito se eleva con fuerza colectiva: ¡que viva la fiesta de enero!
Porque el 8 de enero la memoria no se recuerda: camina. Y el pueblo, una vez más, abre la puerta para dejarla entrar.
FOTO: KARLA GÓMEZ
PIE DE FOTO: Los Chuntá caminan como si se adelantaran a los días, como si sostuvieran el tiempo entre los pasos de la danza y el movimiento del chinchín.
