La herencia de Jacobo Grinberg en la ficción contemporánea
STAFF NOTICIAS

El neurofisiólogo mexicano Jacobo Grinberg tenía razón. Al menos así lo afirma el escritor colombiano Mario Mendoza, quien considera que las teorías del científico desaparecido no sólo conservan vigencia, sino que hoy ofrecen claves fundamentales para comprender la naturaleza de la realidad. Para Mendoza, la llamada teoría sintérgica —que propone que la percepción y la conciencia construyen el mundo que habitamos— se fortalece a la luz de los avances de la física contemporánea.
“Creo que la teoría sintérgica tomará cada vez más fuerza y que vamos a comprobar que la realidad es un constructo”, sostiene el autor. “Nuestra definición de la realidad viene de Newton, de la física clásica, pero con la cuántica, la entropía y la teoría de cuerdas, todo eso queda anulado: el principio de espacio y tiempo ya no existe. Vamos por la línea de Grinberg”.
Estas ideas no son sólo un marco teórico, sino el eje que atraviesa su más reciente novela, Vírgenes y toxicómanos (Planeta, 2025), que el propio Mendoza describe como la obra más extraña y exigente de su carrera. Para escribirla, se sumergió en los estudios de Grinberg y de otros pensadores interesados en las realidades alternas, la conciencia expandida y los límites de la percepción.
“En la medida en que uno escribe ficción, tiene cada vez más la sensación de una realidad invertida, de que lo que pasa dentro de las páginas es más real que lo que pasa afuera”, reflexiona. “Un escritor vive en una realidad difusa, intermedia, cruza universos paralelos y se da cuenta de que la realidad es plástica, maleable, un elemento con el que puedes jugar. Esa sensación es rara, extraña”.
La novela se sitúa en una Colombia marcada por la violencia y la sed de poder, donde lo paranormal se confunde con lo criminal. Antón Echeverry, abogado defensor de derechos humanos, enfrenta una profunda crisis tras la muerte de su esposa. Su único anclaje es su hijo Martín, un joven con discapacidad motriz que, junto a su único amigo, vive segregado de un mundo que les niega el amor y el placer. Ambos personajes experimentan alteraciones de percepción derivadas de sus padecimientos y tratamientos, lo que los lleva a intuir la existencia de otras realidades.
A partir de esas experiencias, los jóvenes crean una especie de cofradía contracultural, donde exploran la meditación y el consumo de sustancias psicoactivas como formas de resistencia y conocimiento. Para Mendoza, esta búsqueda conecta con una crítica frontal a la sociedad contemporánea. “La realidad actual es aplastante y destructiva. Es un sistema que exige el éxito a cualquier costo. Para funcionar, sobreactúas, te estimulas, te desgastas, hasta que un día estás destruido. Estamos atrapados por redes que hacen una apología excesiva del yo”, afirma.
Más allá de la trama, Vírgenes y toxicómanos retrata personajes aislados, incapaces de alcanzar la felicidad, como reflejo de una sociedad digitalizada y fragmentada. En ese cruce entre violencia histórica, misterios no resueltos y realidades alternativas, Mario Mendoza recupera la herencia de Jacobo Grinberg para plantear una pregunta inquietante: ¿y si la realidad que creemos habitar no fuera más que una de muchas posibles?
FOTO: CORTESÍA
PIE DE FOTO: A partir de esas experiencias, los jóvenes crean una especie de cofradía contracultural, donde exploran la meditación y el consumo de sustancias psicoactivas.
