En Chiapas, la seguridad dejó de ser un discurso para convertirse en una realidad palpable
STAFF NOTICIAS

Tuxtla Gutiérrez.- En Chiapas, la seguridad dejó de ser un discurso para convertirse en una realidad palpable, y eso se debe, en buena medida, al liderazgo del gobernador Eduardo Ramírez Aguilar, quien entendió que la paz se construye con presencia, con estrategia y, sobre todo, con cercanía a la gente.
Pero un liderazgo inteligente necesita una ejecución precisa, ahí entra el trabajo del secretario Óscar Alberto Aparicio Avendaño, quien ha logrado que la Secretaría de Seguridad del Pueblo deje de ser una institución distante y se convierta en una fuerza que acompaña, que escucha y que responde donde más se necesita, su estrategia se siente en tres líneas claras, operativos que inhiben delitos, coordinación real con autoridades federales y estatales, y atención humana a las comunidades.
En las últimas semanas, los patrullajes en tierra y aire, los filtros de revisión y la presencia en zonas urbanas, rurales y fronterizas han mostrado una acción inmediata del Estado. No se trata de generar miedo, sino de mandar un mensaje contundente, Chiapas no está solo, y el gobierno actúa con firmeza cuando la ciudadanía lo requiere.
Al mismo tiempo, la proximidad social esa parte del trabajo de las fuerzas que rara vez se menciona, ha empezado a reconstruir la confianza, pláticas, actividades comunitarias, presencia en barrios, apoyo a niñas, niños y familias… Pequeñas acciones que, sumadas, cambian la percepción de seguridad y fortalecen la relación pueblo-gobierno.
Hoy podemos decir que la estrategia funciona porque pone al centro a las personas. Chiapas avanza no solo con más patrullas o más tecnología, sino con un modelo que entiende que la seguridad es humana o no es seguridad.
Y algo importante, la gente ya lo nota, porque cuando hay liderazgo político, capacidad operativa y sensibilidad social, el resultado se siente en la calle, en los mercados, en los eventos, en la vida diaria.
En esta Nueva ERA impulsada por Eduardo Ramírez Aguilar, la seguridad no se promete, ¡se vive!.
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