La obra extensa y crítica de Mary W. Shelley

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A 175 años del fallecimiento de la escritora británica Mary W. Shelley, ocurrido el 1 de febrero de 1851, su nombre continúa asociado casi de manera automática a Frankenstein (1818), una de las novelas más influyentes de la literatura universal. Sin embargo, esta identificación ha tendido a eclipsar una producción literaria vasta, compleja y profundamente reflexiva, que confirma a Shelley como una de las voces más lúcidas del siglo XIX.

A lo largo de su vida, Mary W. Shelley escribió novelas históricas, relatos breves, ensayos, diarios de viaje y biografías. Su obra, atravesada por un agudo sentido crítico, reflexiona sobre la fragilidad humana, la identidad, el poder, la ética de la ciencia y la condición de la mujer en una sociedad regida por normas restrictivas. Para Shelley, la escritura fue también una forma de resistencia y supervivencia personal, como se desprende de su correspondencia: “Leo, estudio y escribo; a veces eso me saca de mí misma”, escribió en 1824, dos años después de la muerte de su esposo, el poeta Percy Bysshe Shelley.

Entre sus novelas menos conocidas destaca Valperga o la vida y aventuras de Castruccio, príncipe de Lucca (1823), ambientada en la Italia medieval durante las luchas entre güelfos y gibelinos. En ella, Shelley narra la historia de Castruccio Castracani y contrapone la ambición política con los dilemas morales de la condesa Eutanasia, gobernante de la fortaleza ficticia de Valperga. La obra combina rigor histórico con una profunda reflexión ética.

En 1826 publicó El último hombre, considerada la primera novela de carácter postapocalíptico. Ambientada en una Europa futura devastada por una pandemia, la historia es narrada por Lionel Verney, el último sobreviviente de la humanidad. Ignorada en su tiempo, la novela fue redescubierta y valorada hasta la década de 1960 por su visión anticipatoria y su tono profundamente melancólico.

La exploración histórica continuó con La suerte de Perkin Warbeck (1830), donde Shelley revisa la figura del pretendiente al trono inglés del siglo XV y cuestiona las nociones de legitimidad, identidad y poder. Más adelante, en Lodore (1835), abordó los conflictos legales, sociales y emocionales de una madre y su hija tras la muerte del patriarca familiar, obra que ha sido leída desde una perspectiva claramente feminista. Su última novela, Falkner (1837), profundiza en los temas de la educación moral, la culpa y la redención.

De publicación póstuma, Mathilda —escrita en 1819 y publicada ocho años después de su muerte— es considerada por algunos críticos como su obra más íntima y perturbadora, al abordar el amor incestuoso de un padre hacia su hija. A ello se suman numerosos cuentos, libros de viajes como Caminatas en Alemania e Italia y diversas biografías, que consolidan a Mary W. Shelley como una autora multifacética y una cronista sensible de su tiempo.

A 175 años de su muerte, la obra de Mary W. Shelley continúa revelando nuevas lecturas y confirma que su legado literario va mucho más allá de una sola novela, reafirmando su lugar como una figura clave de la literatura moderna.

FOTO: CORTESÍA

PIE DE FOTO: A 175 años de su muerte, la obra de Mary W. Shelley continúa revelando nuevas lecturas y confirma que su legado literario.