El incremento de sismicidad registrado en 2025 reactivó la atención sobre el volcán Chichón

Ana Liz Leyte NOTICIAS

La noche del 28 de marzo de 1982 marcó un punto de quiebre para Chiapas. El volcán Chichón inició una fase eruptiva que se prolongó por varios días y generó columnas de ceniza, flujos piroclásticos y una caída sostenida de material volcánico que cubrió amplias zonas del norte del estado.

Con el paso de los días y conforme la actividad disminuyó, el alcance del desastre quedó expuesto. Se registraron pérdidas humanas, daños materiales y afectaciones económicas superiores a los 117 millones de dólares de la época. Al menos nueve pueblos y rancherías quedaron sepultados, lo que obligó al desplazamiento de miles de personas. A escala global, la NASA documentó que la erupción inyectó grandes volúmenes de material a la estratosfera y provocó una disminución de la temperatura cercana a 0.5 grados centígrados.

Ese antecedente explica, en buena medida, la atención generada cuando entre junio y agosto de 2025 se reportó un incremento de la actividad sísmica en el Chichón, ubicado entre los municipios de Francisco León y Chapultenango. En ese periodo, la información derivó en versiones sobre una posible erupción inmediata.

Ante ese contexto, especialistas del Servicio Sismológico Nacional, la UNAM, la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas y el Centro Nacional de Prevención de Desastres realizaron evaluaciones directas en la zona. Las mediciones físicas, químicas y sísmicas permitieron establecer el origen de la actividad registrada.

En ese marco, durante la conferencia El volcán Chichón: dinámica y observaciones recientes, la investigadora Patricia Jácome Paz, del Instituto de Geofísica de la UNAM, explicó que el volcán presenta actividad de tipo hidrotermal limitada al cráter. Precisó que pueden registrarse eventos freáticos menores, asociados al vapor de agua, y subrayó que no existe evidencia de ascenso de magma fresco hacia la superficie.

A partir de los estudios realizados, se identificaron variaciones en la dinámica del agua y los gases al interior del cráter. Se observaron cambios en la concentración de cloruros y la presencia de sulfuro de hidrógeno y dióxido de carbono, cuyos efectos se limitan a zonas próximas al cráter y no representan riesgo para las comunidades, siempre que se respeten las áreas restringidas.

De forma paralela, los registros sísmicos indican que la actividad es superficial y no muestra patrones asociados a procesos magmáticos profundos. El sistema permanece activo, aunque con un comportamiento lento y amortiguado.

Bajo estas condiciones, las autoridades reiteraron que el acceso al cráter no es seguro. El suelo alterado, las altas temperaturas y la acumulación de gases representan riesgos directos, por lo que la restricción se mantiene de manera permanente.

En el ámbito preventivo, la Secretaría de Protección Civil de Chiapas informó que mantiene comunicación con las comunidades cercanas y con guías turísticos para reforzar las medidas de seguridad y la difusión de información verificada. Como parte de estas acciones, en coordinación con la UNAM, se desarrolló la Lotería del Chichón, un material didáctico orientado a la divulgación científica y a la gestión del riesgo.

Si bien no existe un escenario de erupción inminente, el monitoreo continúa. Especialistas señalaron que, por sus antecedentes, una eventual erupción podría ser de tipo pliniano, lo que obliga a mantener vigilancia permanente. Para fortalecer estas tareas se incorporaron drones y sistemas de percepción remota, además de la revisión del semáforo volcánico, que actualmente se mantiene en amarillo, fase dos.

Finalmente, se reconoció que el monitoreo integral del Chichón aún requiere fortalecimiento. Por ello, las instituciones involucradas trabajan para garantizar la operación continua de las estaciones, el mantenimiento del equipo y la actualización tecnológica, con respaldo de recursos estatales, federales y académicos.

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Especialistas señalan que la actividad observada es de origen hidrotermal, se mantiene confinada al cráter y no existen indicios de una erupción mayor en el corto plazo.

FOTO: Ana Liz Leyte