Los niños bailan para pedir y agradecer, solicitando por la salud, el trabajo, la familia y el bienestar de la comunidad

KARLA GÓMEZ NOTICIAS

La mañana del 4 de enero, el pueblo mágico de Chiapa de Corzo se llenó de color, música y entusiasmo para celebrar el Día del Niñito de Atocha, una de las tradiciones más emblemáticas de la región. Bajo un cielo despejado y recorriendo las calles empedradas, niñas y niños ataviados con los trajes típicos de parachicos y chiapanecas encabezaron el inicio de la Tradicional Fiesta Grande de Enero.

El sonido del tambor y el carrizo marcaba el ritmo de los pequeños danzantes, quienes acompañaron al Patrón de los Parachicos, Rubisel Gómez Nigenda, en un recorrido lleno de devoción y alegría que partió desde el punto de reunión de San Sebastián. La salida, repleta de color y entusiasmo, mostraba cómo las nuevas generaciones abrazan una tradición que forma parte esencial de la identidad cultural del pueblo.

La Fiesta Grande de Enero es una expresión viva de la riqueza cultural y la herencia ancestral de Chiapa de Corzo. La tradición de los Parachicos, que se remonta a más de tres siglos, mantiene un significado profundo: los niños bailan para pedir y agradecer, solicitando por la salud, el trabajo, la familia y el bienestar de la comunidad, y expresando gratitud por las bendiciones recibidas.

Uno de los momentos más emotivos fue la visita a la iglesia de San Jacinto y la iglesia de Santo Domingo de Guzmán, donde los pequeños ofrecieron sus pasos de danza ante la imagen del santo, combinando alegría, devoción y misticismo. Esta experiencia temprana no solo fortalece el vínculo de los niños con su herencia cultural, sino que también contribuye a la preservación de las prácticas ancestrales, asegurando que las futuras generaciones mantengan viva la riqueza de la tradición de los Parachicos.

Con cada paso, tambor y sonrisa, los niños de Chiapa de Corzo demostraron que la tradición se renueva en cada generación, manteniendo viva la esencia de un pueblo que celebra su cultura con pasión y alegría.

FOTO: KARLA GÓMEZ

PIE DE FOTO: Con cada paso, tambor y sonrisa, los niños de Chiapa de Corzo demostraron que la tradición se renueva en cada generación.